Ächa, Verónica Garrido Fernández
Mientras hundo mis huellas en el agua del tiempo,
viajo hacia lo más profundo de un futuro pasajero.
Desciendo por sonidos que antes no habían sido escuchados
y así voy creando, porque vivo,
porque hoy existe
y mañana aún no se sabe.
Crecí entre pinceles,
óleos y carboncillo en las manos.
Hoy no importa si el soporte es un lienzo
o una pared en blanco.
En mi mente trazo líneas y siluetas
que cobran sentido guiadas por mis manos
acompañadas siempre
por la percepción que brota en cada pincelada.
Sobre telas aún inertes levanto paisajes eternos, emociones y visiones
que fluyen de una imaginación indomable,
tan libre como mi propia mirada.
Trabajo cada pieza con respeto,
dejando que me guíe hacia lo que está destinada a ser.
Ese mismo impulso se extiende a una necesidad en movimiento,
una búsqueda de pausa y memoria.
Espacios que nacen o renacen para ser habitados.
Empatizo, me adapto, escucho.
Pero dame libertad y verás más allá de muros y ornamentos.
Entonces crecen mis alas y quien entra, habita.
Todo debe fluir etéreo, sutil.
Confieso que soy creadora de desvelo:
mis obras son mis noches en vela.
También escribo. Escribo como siento, como sueño,
para después atravesar con emoción la materia.
No intentes definirme. Yo tampoco consigo hacerlo.
Solo muestro una visión, un concepto que va más allá de lo evidente,
lejos de catálogos y criterios cerrados.
Que me crezcan las alas de la inspiración,
mientras existan sueños.